lunes, 13 de abril de 2009

Juegos: The Shivah

Publicado originalmente en Aventura Y Cia



Puntuación: 4/5

---

INTRODUCCION

Dave Gilbert es otro de tantos nombres que está dando vida al mundo independiente de la aventura gráfica mediante buenas historias. La diferencia principal respecto a otros nombres y apellidos comunes está en su tratamiento gráfico: si bien Dark Fall o Scratches son juegos cuyo acabado técnico es bastante impactante, la trilogía de Blackwell o el juego que nos ocupa, The Shivah, no se cortan un pelo en mostrar una resolución de 320x200 en casi todo el juego.

Y quizás sea el soplo de aire fresco más sorprendente de todo este panorama porque sus juegos, pese al acabado técnico más que simple, enganchan una barbaridad y están tremendamente bien diseñados. Su primer juego distribuido a gran escala – hubo una versión freeware, de descarga gratuita – fue este Shivah, un juego donde se ven buenas maneras, buena historia, buenos puzzles y demás detalles que harían envidiar a cualquier casa europea de aventuras gráficas si éstas tuvieran algo de ambición.


HISTORIA

El rabino Russell Stone está pasando una mala época. Su sinagoga está en peor estado que nunca, cada vez va perdiendo más fieles, y la policía le visita para anunciar la muerte de un antiguo miembro de su sinagoga. Cuando oye el nombre del muerto, a Russell le vuelven recuerdos dolorosos de varios episodios, y cuando escucha que toda la herencia ha ido a parar a él, y por tanto es el principal sospechoso de este asesinato, decide resolver el caso por su cuenta.

Así conocerá los aspectos más sórdidos de la ciudad de Nueva Cork, historias de corrupciones, pasados inconfesables, y lidiará con situaciones extremas, al borde de la muerte, donde no le quedará más remedio que encararse con violencia contra lo que más detesta y teme.

COMENTARIO

Da gusto ver que, en un mundo donde las aventuras gráficas están dominadas por estudios europeos que parecen concebir los juegos como una película de Hollywood – tiene que haber tal elemento, tal cosa, una chica, un puzzle con caja fuerte, un elemento sobrenatural y templarios -, existan un puñado de valerosos programadores/creadores/artistas independientes que, simplemente, quieren hacer un buen juego y quieren contar algo mediante una aventura. Da gusto, sobre todo, porque te hace volver a coger la perspectiva, saber qué es lo bueno o no en una aventura, y quitarte de prejuicios de que si te parece un juego clásico de Siera o Lucas una obra maestra es simplemente por razones de nostalgia.

The Shivah es clásico tanto como juego como por su historia. Sí, a todos nos gusta la novela negra y a todos nos gusta la imagen del detective con gabardina y sombrero, pero The Shivah recuerda mucho más a la novela negra más interesante, a la que tiene predominantemente un tono social, crítico con las instituciones, que no trata tanto de resolver un misterio como de retratar podredumbre, corrupción, fascinación por la sordidez. El tipo de novela negra de James M. Cain, Dashiell Hammett, David Goodis o Jim Thompson, el que sólo parecen apreciar unos pocos frente a tanto tópico de investigador saleroso/a arrastrado desde Agatha Christie.


En The Shivah este argumento es tan importante que es imposible hablar del juego sin analizar sus recursos. El protagonista, un rabino cuya parroquia está en decadencia por el tono nihilista de sus enseñanzas – ya sabéis, todo sacerdote debe tener cierto populismo para asegurar el éxito de sus misas – se entera del asesinato de alguien a quien conocía, y ya en ese momento la información empieza a ser dosificada muy poco a poco, con pequeñas pistas. Son los diálogos los que aclaran si el personaje que llevas es positivo o negativo, cuál era la relación con el muerto, y qué trauma anterior hay que separó a estas dos personas, esto último el verdadero enigma del juego.

La historia, pues, se cuenta mediante los recursos clásicos de las aventuras gráficas, llevados por un motor sencillo y gráficos pobres, casi funcionales. Dave Gilbert es capaz de hacerte olvidar esos gráficos, por muy acostumbrado que estés a los últimos retruécanos de luces en los shooters más sofisticados, por el simple placer de la narración. Los diálogos se suceden de forma natural, sin que ninguno suene forzado, juntando el carácter humano con los datos necesarios para resolver puzzles y formar la historia en tu cabeza, en definitiva, sin esa sensación de parrafada-tras-parrafada que dan prácticamente todas las aventuras actuales (permitidme añadir los juegos de rol, los shooters, los de estrategia… todos los juegos actuales, vamos). Los puzzles, sin que dejen de ser los clásicos, nunca caen en la combinatoria y sacan todo el partido a todos los elementos del juego, y son lo suficientemente complicados como para que tengas que prestar atención a lo que cuentan y lo suficientemente claros para que, en todo momento, sepas exactamente qué objetivos hay abiertos y de qué forma se pueden afrontar.

Al más puro estilo “Hardcore” de Paul Schrader, llevamos a un religioso por lugares poco acostumbrados por él, mientras acaba reaccionando de forma violenta ante muchas situaciones, quizás contradiciendo sus principios – o no. El metro, los bares, las sinagogas, los áticos… por la poca duración del juego apenas se visitan uno o dos escenarios de cada tipo, pero suficientes para dar una ambientación opresiva y poderosa. Los finales, catárticos y dramáticos, unen muchos cabos dejando muchos interrogantes abiertos, sobre todo sobre el futuro de todos los personajes.

Quedan por recalcar los puntos negativos: es un juego tremendamente corto – aunque su precio sea de risa – y la calidad gráfica es bastante pobre. No así, sorprendentemente, los sonidos: todos los textos están hablados, y la música, al más puro estilo rabbi, está interpretada con cuidado, a veces dando la impresión de que está muy por encima del resto de apartados técnicos. Pero sobre todo es esa historia la que queda rondando por tu cabeza horas, días después de haber acabado el juego.



La conclusión de todo este buen hacer con tan pocos recursos es que, de nuevo, se redefinen los criterios de valoración para las aventuras gráficas. El primero: los gráficos pueden llegar a perder toda su importancia: en cuanto el juego logre contarte algo y te logra implicar, el aspecto visual es tan prescindible que incluso los juegos conversacionales retoman toda la validez. La segunda conclusión es que es una falacia considerar que es difícil contar una historia con buenos personajes, giros suficientes y puzzles integrados en un videojuego, y que mucho les queda a las casas niponas para llegar a esto en esos juegos con eternas conversaciones con puntos suspensivos y sobredosis de reiteraciones. La tercera es que, no llega a ser por estos juegos independientes y por los nuevos Sam&Max y el mundo de la aventura estaría lleno de meros intentos perezosos y cutres, que no pasan ningún control de calidad, y que, en definitiva, es gente como Dave Gilbert la que se está preocupando de darle algo de dignidad a este género tan denostado.

Queda por mencionar un aspecto bastante insólito en una aventura: Shivah tiene, en su última versión, un modo de juego donde Dave Gilbert va explicando detalles de la creación, como si fueran los comentarios de un Director’s Cut en un DVD. Algo que ya hacen los Sam&Max en sus DVDs, pero con una pista independiente que no tiene nada que ver con el juego. Ver esto es otro detalle del cuidado con el que Dave Gilbert trata a sus clientes. Entonces, si él trata tan bien a los aventureros ¿cómo es que son los juegos de serie Z de ciertas desarrolladoras europeas, que aprovechan de forma indigna personajes de la literatura como reflamo, lo que siguen vendiendo como churros en este país? Una vez jugado a esto ¿cómo es posible que alguien pueda justificar, aunque sea levemente, esas atrocidades que se venden con el nombre de Sherlock Holmes?

CONCLUSION

Muestra del buen estado del panorama independiente – o casi subterráneo – en cuanto a las aventuras gráficas, muestra de la cantidad de sabiduría que tiene Dave Gilbert en cuanto al género y muestra de muchas otras cosas en un juego muy reducido, The Shivah vuelve a poner los puntos en su sitio en cuanto a lo que debe ser una aventura gráfica clásica en 2D. Puzzles equilibrados, diálogos memorables, historia dramática con toques irónicos, y sobre todo, muchísima inteligencia en el mejor mimetismo de la novela negra clásica que haya tenido jamás el ordenador. Recomendado para una experiencia muy breve, pero sobre todo, muy intensa, que retoma los parámetros clásicos para acallar muchas voces que predican sobre el “estancamiento” del género.


Sitio web: http://www.wadjeteyegames.com/shivah.html

Lecturas: Lo Mejor de Connie Willis

Prometí ir colgando cosas en este blog y luego se me fue olvidando. Así que voy a ir recuperando reseñas de TODO, absolutamente TODO, y lo voy a ir colgando. Empecemos con libros, momento negro sobre blanco.



Aunque parezca increíble, aún quedan editoriales grandes de ciencia ficción que editan libros de relatos, y hemos acabado teniendo... bueno, por ahora la mitad de el libro de selecciones de Connie Willis más completo que hay hasta el momento, "Winds of Marble Arch". Esto es casi un acontecimiento porque siempre se ha dicho que lo mejor de Connie Willis son sus relatos, y aunque practicamente toda su obra ha sido traducida, no hemos tenido tanta suerte con Willis en distancias cortas.

Si existe alguien aún que no la conozca, hay que avisar que Connie Willis no es una autora demasiado típica del género, aunque la cantidad de premios que ha recibido puede hacer pensar lo contrario: como bien explica en la introducción, sus influencias vienen tanto de Heinlein como de Damon Runyon y PG Wodehouse, con algo de Agatha Christie y algo de Shakespeare (cómo no), pero sacando factor común de estos escritores se ve una clara intención costumbrista, importancia del diálogo, y dosificación de las sorpresas. De hecho ella es, para muchos, demasiado costumbrista, deteniéndose en detalles cotidianos para observar la reacción de sus personajes, incluso ignorando a largos ratos el contenido de ciencia ficción. Pero esto ocurre en novelas: en relatos cortos tiene bastante variedad, tanto de contenido como de calidad.

La antología comienza con quizás el mejor del volumen, "Los vientos de Marble Arch", donde aparecen sus temas clásicos: costumbrismo mezclado con fantasía, el bombardeo de Londres, la confluencia de líneas temporales esta vez en forma fantasmagórica... hay auténtico sentimiento trágico en los personajes, Willis explica muy bien la confluencia de las historias pasadas sobre el presente, y logra un final emocionante. Lo que sigue tienen varias temáticas: relatos navideños, ambos fabulosos, en "Como solíamos tener" - o cómo nieva inexplicablemente en todo norteamérica, y cómo eso influye positivamente en lo que ocurre a los personajes - y "Carta de navidad", o la historia de invasión silenciosa donde los invadidos se vuelven más amables. Hay también algo de teoría del caos y casualidades en "Luna azul", en una historia apresurada que sólo deja atisbar la genialidad con la que trata en "Por no mencionar al perro" y "Oveja mansa". Hay surrealismo en "Daisy, al sol", aunque no del todo conseguido. Hay sordidez en "Todas mis queridas hijas", aunque algo confusa. Hay un homenaje simpático pero muy forzado a Jack Williamson, y hay dos relatos que, más que relatos, son chistes de banqueta, ocurrencias demasiado didácticas acerca del mundo académico. Y hay un relato fantástico, el justamente legendario "Brigada de incendios", germen de "El libro del día del juicio final".

Como suele ocurrir con los libros de relatos, no sabría decir si es para completistas, si recomendarlo a neófitos para introducirse en la labor de la Willis, o para gente que se haya decepcionado con sus novelas y quiera ver toques de genialidad en pequeñas dosis: la irregularidad intrínseca de estos volúmenes lo hace difícil. Pero sólo por dos o tres relatos diría yo que vale la pena. Esperemos que no tarde mucho Nova en sacar la segunda parte de esta antología - por mucho más cara que la editen, que esta es otra...

viernes, 15 de agosto de 2008

Resucitando

Comprendedlo: necesitaba unos meses para no tomar decisiones ni hablar sobre ellas. De esto que te guardas todo, que simplemente vives, y que dejas pasar las semanas para que las cosas reposen. Desde que Kelley Polar sacó el segundo disco he seguido el mismo ritmo que llevaba antes, y eso quiere decir asentarse en el trabajo donde estaba, seguir disfrutando de algún concierto, viajar algo más por la península y gastarme dinero consiguiendo ahorrar.

Sin cambios, pues. Sin cambios que quiere decir que en realidad sí que he tomado alguna decisión, pero eso sí que prefiero guardármelo. Sin cambios también quiere decir que han salido muchos discos este año, pero ninguno o casi ninguno que me haya conseguido emocionar, hacerme sentir parte de él, comprender todo su proceso creativo. DFA siguen sacando canciones, el Summercase estuvo divertido, doblé mi demanda de festivales y conciertos con locuras como el Primavera Sound (un festival con 6 escenarios es una locura), y ese sentimiento contradictorio de admiración/envidia/desprecio cuando veo a todos los modernos en estos eventos.

Estoy casi obsesionado con la new wave y el post punk, y me han empezado a gustar muchos grupos coincidiendo con que cumplí los 30, con lo que se cumple el cliché ¿Acabaré montando cenas con recopilatorios chillout? Espero que no.

Hace una semana, al encontrarme con mi prima-madrina y comentarle que las cosas no me iban bien pese a que el trabajo fuera un coñazo, me decía "bueno, pero te da tiempo libre y dinero para gastarlo en él, y eso es lo que te hace feliz en una sociedad consumista". Me inquieta hasta qué punto todo el tiempo libre, que es el único que sirve para pensar un poco en ti mismo, crecer de alguna forma, digamos que mejorarte socialmente, da felicidad consumiendo. Si ya lo dice, en el cajero que hay en Alonso Martínez, grabado debajo de las teclas: "CONSUME, IDIOTA". Compro una DS, compro una PSP, compro un iPod, y casi hay más felicidad en el hecho de hacerte un regalo que en la utilidad que tienen luego.

Esto lo pienso cuando salgo del trabajo y me pierdo por el centro, comiendo en vegetarianos - mi nuevo vicio - , leyendo el último libro que me dan en stardustcf, repasando discos, repasando pensamientos, mirando el móvil. También pienso que si mi infelicidad se reduce, o puede reducir, a que esto es rutina, estoy bastante mejor que cuando este blog era oscuro y catártico.

Anyway, tenía varios planes para este año, y ya los he retrasado para el otoño. El primer plan era separar esto en varios blogs según lo que quiero contar: me gusta hablar de discos, de juegos, etc, pero pontificar sobre estos temas en la misma página queda extraño y esquizofrénico. El segundo es retomar la música: tengo demasiados acordes y bases metidas en la cabeza como para no trasladarse a algo físico. La tercera es largarme de casa. La cuarta es ver si puedo trabajar fuera del país. Mirad, ya os he confesado bastante.

Estoy terminando de ver la primera temporada de "Policías de NY". He estado todo el día arrastrándome por una resaca atroz en una noche donde me lié con un tío en un bar - hace un año que no lo hacía, wow - haciendo gazpacho, verduras hervidas y tomando zumos. Sí, he sacado los filetes del congelador, que no me da el cuerpo para quedarme sin proteínas. Y he tomado tarrina de helado descalzo encima del sofá.

Sí, pensé en salir.

Por cierto, murió mi otro gato, y hace una semana y media, mi abuelo. Mi abuelo paterno era un tío raro, frío, que hizo teología cuando cumplió los 70, con cierta tendencia a predicar sobre el poder de la voluntad, de cómo todo se consigue si uno se esfuerza lo suficiente, y lo consciente que estuvo toda la vida en tomar las decisiones adecuadas. Nunca hablaba de amigos de la juventud, sino de lo que él consideraba más importante: su estancia en icai, y el exilio de los jesuitas a alemania. Pero todo ese discurso funcionó para él - a los 97 años seguía haciendo muchas cosas solo - y siempre te mostraba que estaba orgulloso de toda su familia y sus nietos. No le veía demasiado - vivía en Barcelona - pero le vi en una de esas visitas a festivales. Nada, se fue. Y a mi gato lo sacrificaron mis padres. ¿Entendéis a qué viene tanto pensar en cambios?

lunes, 17 de marzo de 2008

Kelley Polar

Me tiene obsesionado el nuevo disco de Kelley Polar. Un viaje por el espacio, el italo, la psicopatía casi. Una muestra. Un botón. Un crisantemo.

Comienzo un nuevo blog, borrando toda traza del anterior, intentando comenzar una nueva etapa. Me preguntaréis por qué: lo veía poco sano.

No digo que no me viniese bien, pero veía cierta tendencia a ir en espiral. Hablaba sólo de temas chungos, y al final pedía, y se me daba, una lección tipo "no te merecen". Creo que el "no te merecen" debía superarlo, y debía borrar todo lo anterior. Está superado. Tengo 30 años. He tirado los peluches, estoy a punto de tirar los libros, puedo romper con todo lo anterior, y tomarme lo que me viene con más calma.

Al descubrir last.fm me di cuenta de que hay gente a la que atraía... ¡por el gusto musical!. Esta cosa tan insólita me ha hecho plantearme que sí, que puedo hablar de lo que me de la gana. Así que voy a intentar dar un toque bastante más cultureta a lo que venga. Con toques frívolos, claro. Pero no más myolas... no más recrearme en la sordidez.

Gracias por entenderme